LA LISTA DE LA COMPRA DEL VERANO
La lista de la compra del verano no empieza con pan, leche o huevos.
Empieza con melocotones, melón y un helado para después de comer.
Pero esta tampoco es la lista del supermercado.

Es la lista de todas esas cosas que, de una forma u otra, siempre acaban formando parte del verano.
- Un café con hielo.
- Una camisa de lino.
- Un bolso de rafia.
- Protector solar que huele exactamente igual que el verano pasado.
- Un libro cuyas páginas no dejan de moverse con el viento.
- Un helado después de cenar.
- Una terraza sin prisa.
- El tinto de verano que acompaña la paella.
- Una bolsa de playa que siempre vuelve con más arena de la que salió.
- Un paseo cuando el sol ya ha bajado.
- Un melocotón que sabe realmente a verano.
- Una sombrilla que salga volando al menos una vez.
- Un niño construyendo un castillo que la marea acabará borrando.
- El señor que lee el periódico en el mismo sitio de siempre.
- La mujer que cada verano coloca su silla mirando al mar.
- Un día sin mirar la hora.
Y, por supuesto, un armario dispuesto a cambiar de humor.
Porque cuando llega el verano, las camisas de lino vuelven a ocupar la primera percha. Los vestidos dejan de necesitar chaqueta. Los bolsos de rafia reaparecen después de pasar meses guardados y las sandalias sustituyen cualquier otro zapato sin pedir permiso.
Vestirse se vuelve más sencillo.
Como casi todo en verano.
Quizá por eso recordamos esta estación de una forma distinta. No por los grandes viajes. Ni por los planes que llevábamos semanas organizando. Sino por esas pequeñas cosas que siempre están en esta época del año y que terminan formando parte del paisaje.
Y menos mal que siguen siendo las mismas.