ODA A SEPTIEMBRE

Septiembre siempre me ha gustado. Con su sabor agridulce de un verano que acaba de pasar, pero conservando todavía días amables para sandalias y cenas al aire libre (aunque el calor de este año no dé tregua).

Septiembre vive en un punto intermedio entre la nostalgia de todo lo vivido -las noches de verano, los paseos por la playa, el primer baño del año que sabe ya lejano aunque todavía quede una escapada pendiente-, y una temporada que se acerca llena de colores ocres y burdungy.

Septiembre vive entre lo que acaba y lo que empieza.

Septiembre tiene reflejos del sol al atardecer en la playa y de piel dorada. Se encuentra envuelto en una calma acogedora que parece demostrar que al abrir la agenda todo puede empezar de nuevo.

Septiembre es de color verde caqui que tanto me gusta. Es un té a media tarde. Es el reencuentro de unos niños que llevan sin verse desde que acabaron las clases.

Ojalá todos los días se afrontasen con los mismos ojos con los que veo yo septiembre.